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martes, 18 de mayo de 2021

La caída.

Desde un buen tiempo a la fecha se viene dando el desplome de un ciclo económico/político en Chile. Las señales fueron varias: el movimiento estudiantil en 2006, la llegada del voto voluntario en 2012, un segundo gobierno (2014-18) de Michelle Bachelet que intentó realizar reformas estructurales al modelo (educación, reforma tributaria, propuesta de una asamblea constituyente) y así, una serie de señales que el orden político decidió (a conveniencia) ignorar. Se equivocaron, sin embargo, cavando su propia tumba. Tensionaron la cuerda al límite, la cual contará la leyenda acabó por cortarse un 18 de octubre de 2019 con el estallido social y posterior acuerdo para la elección de una asamblea constituyente. La pandemia del Covid 19 acabó desplazando dicha elección pero esta al fin llegó, se realizó este pasado fin de semana con resultados que acabaron por sorprender hasta a los más incrédulos. 

Y llegó el desplome, del bipartidismo y principalmente de la derecha chilena, anclada en la defensa a ultranza de un viejo orden que comienza a agonizar. Participaron en las elecciones menos personas de las que se esperaban, fueron 6.3 millones de votantes (un 42,5% del padrón) quienes escogieron a 155 constituyentes, repartidos de la siguiente manera: 52 de la oposición (dividida en dos pactos), 48 independientes (de organizaciones de izquierda principalmente), 38 de derecha, además de los 17 cupos designados y asegurados para representantes de pueblos originarios. El caso es que la derecha alcanzó un escuálido 24% de los cupos, lejos, muy lejos del 33,3% al que aspiraban y que les permitiría bloquear iniciativas constitucionales que no respondiesen a su interés. 

El primer y gran derrotado de esta elección por tanto es la derecha chilena. Han quedado a la deriva en materia constitucional, pero eso no es todo, la derrota fue muchísimo más amplia pues en cuanto a alcaldías han perdido municipios importantes (mencionados más adelante) mientras que en la elección de gobernadores, de los quince cargos posibles no obtuvieron ninguna mayoría directa, en nueve irán a una segunda vuelta pero tienen opciones de triunfar en realmente pocas. Dicho en simple: están en la B. 


En la misma línea, impacta (como nunca antes) el que figuras relevantes del mundoconservador como Mariana Aylwin, René Cortázar, Gonzalo Blumel, Sylvia Eyzaguirre o Jorge Correa Sutil, personajes financiados por el empresariado para precisamente llegar a la Constituyente y defender sus intereses, han quedado fuera. La gente los ha dejado fuera y ha optado por independientes, por la llamada "Lista del pueblo", una por la que nadie daba un peso pero que acabó obteniendo (sin financiamiento alguno) 27 cupos en la Convención o Asamblea Constituyente. Un hecho inédito en la historia de Chile, también un golpe a tener en cuenta por la clase política, pues el rechazo a los partidos políticos es importante. 

Fuera de los independientes, también ha obtenido un gran resultado el Frente Amplio (con una presencia femenina joven inédita, potente e importante) que ha recibido un shot de oxígeno con las victorias obtenidas en las Municipales, donde sus candidatos lograron recuperar comunas emblemáticas que estaban en poder de la derecha, como Santiago (Irací Hassler), Maipú (Tomás Vodanovic), Ñuñoa (Emilia Ríos) o Viña del Mar (Macarena Ripamonti), y Gobernadores, con el extraordinario es el caso de Rodrigo Mundaca, un férreo defensor del agua y el medio ambiente que ha triunfado en Valparaíso, mientras que el Partido Comunista se consolida como opción importante de cara a la próxima presidencial, con Daniel Jadue como principal figura. 

El principal ganador del proceso, sin embargo, ha sido Chile y su opción por el cambio, el cual por primera vez se vislumbra como una alternativa real. La vieja política que se desarrolla de espaldas a la gente, el bipartidismo y sus representantes parecen vivir sus últimos momentos. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cuesta creerles...

Por un asunto de dignidad: yo no voto Concertación.

Cuesta creerles el "ahora si que si" y frente a la duda, prefiero abstenerme. Es un asunto de dignidad. Se han cambiado el nombre, hoy se hacen llamar "Nueva mayoría", sin embargo, siguen siendo los mismos (más el Partido Comunista) quienes frente a la contingencia, viendo que la cuestión social está de moda y dado que existe voto voluntario (lo cual permitirá el ingreso de muchos jóvenes al sistema) han acomodado su discurso. Pero siguen siendo los mismos, piensan y razonan igual por lo que no veo razón por la que hoy deberían actuar diferente.

En educación, hablan de fortalecer el sector público (muy general aquello por cierto), sin embargo, en 2007 cuando la mismísima Michelle Bachelet tuvo la oportunidad de cambiar la historia de miles de chilenos decidió derogar la LOCE para aprobar la LGE. Es decir, maquillar el asunto para que el modelo siguiese funcionando. No tocó a los colegios particulares subvencionados, no incrementó de manera importante el financiamiento ni tampoco avanzó un centímetro en la formación docente.

En materia de pensiones Michelle Bachelet también tuvo la oportunidad de hacer historia. Enfrentada a una cruda realidad, que hablaba de miseras pensiones entregadas por el sistema de AFP, el equipo de hacienda (encabezado por el entonces ministro Andrés Velasco) generó el llamado "pilar solidario", el cual tenía por objetivo mejorar las pensiones mínimas que recibían personas que poseían lagunas en su período laboral. En aquel entonces declaraba el mismo Velasco: "la idea es que mediante este sistema, una persona que actualmente recibiría una pensión de $90.000, reciba $109.000 en 2009 y a partir de 2012 pueda recibir $138.000". Un avance, si. Pero habría que preguntarle a Andrés Velasco si el podría vivir con 138 mil pesos...

Tanto en educación como en previsión, las medidas propuestas por el gobierno de Michelle Bachelet fueron meros parches que poco o nada mejoraron la situación de los chilenos, sin embargo, la promulgación de ambas leyes se realizó entre aplausos en el congreso. Con brazos alzados al aire, tanto la derecha como la Concertación hablaron entonces de "reformas históricas" (*) y en ningún momento le oímos decir a la mandataria que estás medidas no eran de su agrado o insuficientes dada la realidad. Todo lo contrario, la auto complacencia fue generalizada.

Lo mismo había ocurrido unos cuantos años atrás, en 2005 para ser más preciso, año en que Ricardo Lagos modificaba la constitución retirando de ella los llamados "enclaves dictatoriales". Negar la importancia de aquellas reformas sería absurdo pero de ahí a creernos el que era otra constitución hay un mundo de distancia. Pero Ricardo Lagos y el mundo concertacionista hablaba (nuevamente) de una jornada histórica (**) y destacaban el hecho casi como si fuese a marcar un antes y un después para Chile.

La Concertación no solo mantuvo el modelo de mercado impuesto en dictadura, sino que lo profundizó teniendo la oportunidad de actuar distinto. ¿Cómo se puede entender entonces el que hoy lo critiquen? ¿El que hoy hablen del fortalecimiento de la educación pública? ¿De un nuevo sistema de pensiones? ¿De una nueva constitución? ... ¿Es creíble todo aquello? Para mi no. Por un asunto de dignidad yo no voto Concertación. 


sábado, 30 de marzo de 2013

El desafío de Marco

Marco Enríquez-Ominami reloaded

El gran desafío de Marco Enríquez-Ominami para esta elección es el de presentar una propuesta de gobierno potente, coherente y que logre generar apoyo significativo real, es decir, dejar de representar el voto protesta, el voto rechazo y pasar a encabezar una alternativa efectiva de cambio.

Por Esteban Martínez Covarrubias (@emartinec)

Las elecciones presidenciales de 2009 resultaron novedosas en múltiples aspectos, comenzando por lo obvio, cayó (al fin!) la Concertación. Pero también vivimos otro asunto interesante: por primera vez desde el regreso a la democracia en 1990 un candidato no perteneciente al eje derecha/concertación resultaba efectivamente competitivo. Antes muchos lo habían intentado, tuvimos a Max Neef en 1994, a una Gladys Marín en 2000, a Tomás Hirsch en 2005 pero fue Marco Enríquez Ominami el primero en lograr remecer el, hasta ese entonces, estático padrón electoral chileno.

Sin embargo, la duda es legítima: ¿fue efectivamente Marco Enriquez o simplemente el desgaste de la Concertación lo que provocó el remezón? Siendo más preciso aún : si el candidato de la Concertación no hubiese sido Eduardo Frei, si Marco Enríquez no se hubiese enfrentado a una coalición de gobierno tan deteriorada ¿habría logrado la cifra del 20% de adhesión ? 

El gran desafío de Marco Enriquez Ominami para esta elección es el de presentar una propuesta de gobierno potente, coherente y que logre generar apoyo significativo real, es decir, dejar de representar el voto protesta, el voto rechazo y pasar a encabezar una alternativa efectiva de cambio. Y en aquella dirección lo hemos visto durante las últimas semanas, apareciendo en diversos medios e intentando dar a conocer su propuesta (*), lo cual desde ya me parece positivo, considerando que ni la concertación ni la derecha tienen plan de gobierno y que ambas coaliciones se encuentran más preocupadas de encontrar el rostro que les permitiría recuperar/mantener el poder y no discutir acerca de lo que harían con ese poder.


No puedo entonces referirme en este blog a lo que la concertación quiere para Chile, ya que salvo ideas vagas no hemos oído durante todos estos años ninguna propuesta clara aún por parte de ellos. Lo mismo corre ente,para la derecha, aunque lo lógico sería asumir que los tipos intentarán darle continuidad a una política económica subsidiaria y centrada en el crecimiento económico, aspectos que han caracterizado al gobierno de Sebastián Piñera. Sin embargo, Enríquez - Ominami ha apuntado sus dardos de manera muy clara, afirmando en reiteradas ocasiones el que ha sido el sistema político el que ha fallado en Chile y que el hermetismo de este ha impedido (y seguirá impidiendo) la realización de cambios profundos en el país.

Efectivamente cambiar la constitución en Chile es complicado. De hecho, cualquier modificación relacionada con las atribuciones del Estado, reguladas constitucionalmente, requieren como mínimo la aprobación de los 4/7 de los senadores y diputados en ejercicio, es decir, casi un 60% de ambas cámaras, lo cual bajo un sistema electoral binominal es prácticamente imposible de alcanzar por algún sector político. Marco Enríquez - Ominami propone entonces saltarse al poder legislativo, promoviendo un plebiscito que permita poner sobre la mesa el tema de la constitución y generar cambios desde allí. Es una apuesta arriesgada pero muy práctica considerando el limitado margen de acción que posee el candidato dado el hermético sistema electoral chileno. No nos olvidemos de que el sistema binominal impide la entrada al congreso de las minorías, un ejemplo claro de lo que menciono fue el caso del distrito 20  (Estación central / Maipú/ Cerrillos) para las parlamentarias de 2009  (**), ocasión en que Alvaro Escobar (Independiente por la lista de Marco Enriquez- Ominami) obteniendo el segundo lugar en las votaciones (21,85%) no resultó electo, en desmedro de Pepe Auth (PPD), quien llegó tercero (20,70%) pero si llegó al congreso. Así es el sistema, así funciona la democracia en Chile. 

Es clara, directa, valiente y válida entonces la propuesta de Enríquez, quien ha apuntado sus dardos hacia la constitución, entendiendo que el cambio que necesita Chile no es  en un inicio económico sino que político y que mientras la constitución funcione como lo ha hecho desde 1980, ningún cambio responderá a las necesidades reales del país. 

(*) http://www.chilevision.cl/home/content/view/452716/229/

(**) Ver resultados Distrito 20  http://www.sitiohistorico.elecciones.gob.cl/SitioHistorico/index2009_dipu.htm