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sábado, 30 de marzo de 2013

El desafío de Marco

Marco Enríquez-Ominami reloaded

El gran desafío de Marco Enríquez-Ominami para esta elección es el de presentar una propuesta de gobierno potente, coherente y que logre generar apoyo significativo real, es decir, dejar de representar el voto protesta, el voto rechazo y pasar a encabezar una alternativa efectiva de cambio.

Por Esteban Martínez Covarrubias (@emartinec)

Las elecciones presidenciales de 2009 resultaron novedosas en múltiples aspectos, comenzando por lo obvio, cayó (al fin!) la Concertación. Pero también vivimos otro asunto interesante: por primera vez desde el regreso a la democracia en 1990 un candidato no perteneciente al eje derecha/concertación resultaba efectivamente competitivo. Antes muchos lo habían intentado, tuvimos a Max Neef en 1994, a una Gladys Marín en 2000, a Tomás Hirsch en 2005 pero fue Marco Enríquez Ominami el primero en lograr remecer el, hasta ese entonces, estático padrón electoral chileno.

Sin embargo, la duda es legítima: ¿fue efectivamente Marco Enriquez o simplemente el desgaste de la Concertación lo que provocó el remezón? Siendo más preciso aún : si el candidato de la Concertación no hubiese sido Eduardo Frei, si Marco Enríquez no se hubiese enfrentado a una coalición de gobierno tan deteriorada ¿habría logrado la cifra del 20% de adhesión ? 

El gran desafío de Marco Enriquez Ominami para esta elección es el de presentar una propuesta de gobierno potente, coherente y que logre generar apoyo significativo real, es decir, dejar de representar el voto protesta, el voto rechazo y pasar a encabezar una alternativa efectiva de cambio. Y en aquella dirección lo hemos visto durante las últimas semanas, apareciendo en diversos medios e intentando dar a conocer su propuesta (*), lo cual desde ya me parece positivo, considerando que ni la concertación ni la derecha tienen plan de gobierno y que ambas coaliciones se encuentran más preocupadas de encontrar el rostro que les permitiría recuperar/mantener el poder y no discutir acerca de lo que harían con ese poder.


No puedo entonces referirme en este blog a lo que la concertación quiere para Chile, ya que salvo ideas vagas no hemos oído durante todos estos años ninguna propuesta clara aún por parte de ellos. Lo mismo corre ente,para la derecha, aunque lo lógico sería asumir que los tipos intentarán darle continuidad a una política económica subsidiaria y centrada en el crecimiento económico, aspectos que han caracterizado al gobierno de Sebastián Piñera. Sin embargo, Enríquez - Ominami ha apuntado sus dardos de manera muy clara, afirmando en reiteradas ocasiones el que ha sido el sistema político el que ha fallado en Chile y que el hermetismo de este ha impedido (y seguirá impidiendo) la realización de cambios profundos en el país.

Efectivamente cambiar la constitución en Chile es complicado. De hecho, cualquier modificación relacionada con las atribuciones del Estado, reguladas constitucionalmente, requieren como mínimo la aprobación de los 4/7 de los senadores y diputados en ejercicio, es decir, casi un 60% de ambas cámaras, lo cual bajo un sistema electoral binominal es prácticamente imposible de alcanzar por algún sector político. Marco Enríquez - Ominami propone entonces saltarse al poder legislativo, promoviendo un plebiscito que permita poner sobre la mesa el tema de la constitución y generar cambios desde allí. Es una apuesta arriesgada pero muy práctica considerando el limitado margen de acción que posee el candidato dado el hermético sistema electoral chileno. No nos olvidemos de que el sistema binominal impide la entrada al congreso de las minorías, un ejemplo claro de lo que menciono fue el caso del distrito 20  (Estación central / Maipú/ Cerrillos) para las parlamentarias de 2009  (**), ocasión en que Alvaro Escobar (Independiente por la lista de Marco Enriquez- Ominami) obteniendo el segundo lugar en las votaciones (21,85%) no resultó electo, en desmedro de Pepe Auth (PPD), quien llegó tercero (20,70%) pero si llegó al congreso. Así es el sistema, así funciona la democracia en Chile. 

Es clara, directa, valiente y válida entonces la propuesta de Enríquez, quien ha apuntado sus dardos hacia la constitución, entendiendo que el cambio que necesita Chile no es  en un inicio económico sino que político y que mientras la constitución funcione como lo ha hecho desde 1980, ningún cambio responderá a las necesidades reales del país. 

(*) http://www.chilevision.cl/home/content/view/452716/229/

(**) Ver resultados Distrito 20  http://www.sitiohistorico.elecciones.gob.cl/SitioHistorico/index2009_dipu.htm

sábado, 7 de enero de 2012

Inscripción automática + voto voluntario


Se viene el estallido...

Aún no está 100% aprobado, debe pasar por el tribunal constitucional pero tal parece que la inscripción automática + voto voluntario va. El tribunal tiene hasta el 31 de enero para darle el pase de manera que la modificación pueda ser aplicada en las próximas elecciones municipales a fines de 2012. Entonces... ¿se viene o no el estallido? Esperemos que si.

Por Esteban Martínez Covarrubias

Nobleza obliga. Debo partir este escrito reconociendo que me ha sorprendido por completo la decisión por parte del gobierno y el congreso de legislar en favor de la inscripción automática + voto voluntario. Se que fue promesa de campaña pero dados los números que muestran las encuestas, en donde se aprecia un claro y sostenido rechazo por parte de la ciudadanía frente a los partidos políticos, pensé que echarían pie atrás con la idea. Pensé que no cumplirían pero lo han hecho y eso hay que comenzar reconociéndolo.

Ahora, el voto voluntario representa un riesgo gigante, incluso un potencial quiebre de la "estabilidad democrática" que ostenta Chile y el mundo político ha decidido, no se si consciente o inconscientemente, asumir ese riesgo. ¿Dije quiebre? ¡Claro! Si las aguas eran fácilmente encausables con un padrón electoral inmóvil. Dicho en palabras simples: en Chile vienen votando practicamente los mismos durante los últimos 20 años. Los que se inscribieron en 1987 para votar en el plebiscito son los que han votado en todas las elecciones siguientes, con un tímido componente de renovación, demasiado débil como para generar un cambio direccional importante (alcanzó eso si para sacar a la Concertación del poder tras 20 años, algo es algo). 

Y bueno, con esta medida se "resetea" el padrón. Podrá votar quien se motive por hacer la rayita. Asunto que me parece modifica por completo el escenario político actual. Los partidos ya no tienen un cliente plenamente identificado, deberán por tanto mejorar y transparentar sus ofertas. Hoy cualquier ciudadano mayor de 18 puede ser un potencial votante, lo cual debería implicar una mejora en la calidad de nuestra democracia. 

Además, el sentido común me dice que debería producirse un importante recambio entre los electores. Por un lado deberían retirarse de manera voluntaria personas mayores y los "poco interesados" en participar (aquellos que acudían a votar solamente por temor a la multa), por otro se sumaría población joven. Es decir, el padrón se sincerará de todas maneras, respondiendo de manera clara y tangible una pregunta que muchos nos venimos haciendo desde hace años: ¿Cuántos chilenos se sienten efectivamente motivados a participar en nuestra democracia? 

Pero no solo tendremos claridad en torno a aquel dato sino que además, el voto voluntario está en condiciones de poner en jaque el sistema democrático que nos viene rigiendo desde hace ya más de 20 años. En ese sentido, la democracia tutelada, el experimento democrático  chileno post dictadura tambalea frente a los siguientes escenarios posibles:

El primero: muchísima más gente se retira del sistema que la que ingresa, es decir, el escenario actual de poca participación se agudiza.

El segundo: los niveles de participación se mantienen (o incluso aumentan) en comunas de mayores ingresos pero disminuyen notablemente en comunas de clase media/baja. Es decir, se agudiza poca participación y representatividad.

El tercero: Se produce un recambio de votantes pero cuantitativamente la participación se mantiene (6.5 millones aprox). Ahora, quienes ingresan al sistema no apoyan a la derecha ni a la Concertación, sino que a opciones alternativas, opciones que gracias al sistema binominal no son electas, es decir, la participación se mantiene pero se agudiza la poca representatividad de los sectores electos.

El cuarto: el estallido. Es el escenario más caótico de todos pero el menos probable de ocurrir a la vez. La población que se incorpora apoya a opciones alternativas a la derecha y Concertación, logrando que estas resulten electas. El sistema tambalea al incorporar fuerzas no aliadas con el orden político actual. El quiebre de las coalisiones actuales se torna inminente. 

Existe un quinto escenario, el único favorable al actual orden político: luego de la renovación parcial del padrón los resultados son similares a los que hasta ahora se registran. Es decir, la población chilena sigue apoyando a la Concertación y la derecha. El sistema se fortalece y nos olvidamos de las modificaciones profundas al modelo. 

En este sentido los asesores políticos del gobierno han sido astutos al apurar la iniciativa de manera que esta  se apruebe pronto y así pueda ser "probada" en las municipales 2012, es decir, una elección menor en relación a las presidenciales de fines de 2013. Si se llegase a dar o a preveer uno de los 4 escenarios complicados que anteriormente mencioné, está la opción de recular y volver al sistema antiguo. 

Ahora, sea como sea, me parece que vivimos como país un momento crucial, similar al que se vivió a comienzos de la década de los 90. Las puertas se están abriendo para el ansiado cambio de paradigma, para un nuevo lineamiento direccional y veremos si nuevas fuerzas emergen con la capacidad de aprovechar esta oportunidad. Algunos creen que la población chilena es muy conservadora y siempre optará por el status quo. Sin embargo, yo aún tengo fe en Chile y su destino. Creo que es necesario volver a soñar.

sábado, 7 de mayo de 2011

Reforma electoral - Parte 2

Democracia chilena: el monopolio de unos pocos (Parte 2)

Candadito cerradito 

La democracia chilena históricamente ha sido dirigida por un muy pequeño segmento de nuestra sociedad. En 1950 (*1), por ejemplo, solamente un 17% de las personas en edad de votar efectivamente participaba en las elecciones (para 1970 la cifra era de un 30% y hoy anda cerca del 60%). Y si tan pocos votaban, imagínense cuantos eran los que lograban ocupar cargos públicos importantes (parlamento o ministerios). La política chilena era más que nada una especie de tradición familiar que se repartía entre unos pocos apellidos. 

Muchos creyeron que esta tradición se rompería con la llegada de la Concertación al gobierno en 1990. Al menos en el papel parecían no ser los mismos de siempre quienes tomaban el poder. Sin embargo 20 años después vemos que el mercado sigue regulando las elecciones en este país y tal como en 1950, pese a que hoy vota un mayor porcentaje de la población, es la maquinaria financiera que se encuentra detrás de las campañas la que regula quien entra al congreso y quien no. 

Sin embargo eso no es todo. Para que un monopolio se perpetúe en el tiempo no basta con que sea dirigido por unos pocos sino que además necesita imponer trabas prácticamente insalvables para quienes también deseen jugar. ¿De qué hablo? A continuación les presento dos estadísticas oficiales registradas en la última elección de Senadores y Diputados , año 2009 (*2). Estas hablan por si solas. 





Podemos ver como en las dos elecciones mencionadas aparece un candidato independiente (es decir, no perteneciente ni a la Concertación ni a la Alianza por Chile) logrando una segunda mayoría. La lógica nos dice que debería resultar electo, sin embargo, fueron escogidos personajes que llegaron en el tercer puesto. ¿Porqué? Simple: el sistema electoral binominal chileno exige que para ser electo Senador o Diputado no sólo tienes que estar entre las dos primeras mayorías individuales, sino que además tu votación debe superar la de las listas opositoras en su conjunto. En el primer cuadro vemos que Fulvio Rossi (PS) y su compañero de lista Daniel Espinoza (DC) suman entre los dos cerca de un 32% , siendo esa la cifra que Salvador Urrutia debía superar, al no conseguirla pese a resultar segundo en el conteo de votos, no fue electo (Si... ¡Que mierda de sistema!) . Situación similar que ocurrió con Alvaro Escobar en Santiago. Este hecho me parece tremendamente injusto, ya que sin financiamiento detrás (como candidato independiente) llegar segundo en una elección ya es lo suficientemente complicado (y meritorio a la vez) como para también tener que superar otras trabas. Aunque hay que admitir que el sistema funciona y se reproduce de acuerdo a sus objetivos, es decir, logra excluir a quienes no se alinean con el pensamiento oficial. 

El costo de pensar distinto: no existir.  


Salvador Urrutia y Alvaro Escobar poseían dos características en común: ambos renunciaron al PPD y pagaron el costo de su decisión no resultando electos. Ellos podrían haberse mantenido al interior del partido y ser con esto reelectos en el cargo (como lo hacen tantos otros periodo tras periodo), sin embargo, fueron dignos y decidieron marginarse por un asunto de convicciones. El sistema, lamentablemente, castiga esta actitud. Castiga a los limpios y premia a quienes se mantienen en los partidos por mero interés electoral. Ahora, por si esto fuese poco, por estos días nos hemos enterado (o sea, algunos nos hemos enterado, ya que sabemos que la mayoría del país que no tiene idea de nada) que el Senado acaba de aprobar la llamada "ley anti-díscolos" ("ley Anti ME-O" le han llamado algunos también), la cual impone más trabas aún para los candidatos independientes estableciendo que para poder presentarse como candidato a algo la persona en cuestión debe haber renunciado a su partido al menos un año antes de la elección (antes del fenómeno Marco Enriquez-Ominami la ley sólo exigía 2 meses). O sea trabas y más trabas para participar. Sea como sea en Chile el mensaje es claro: te unes o sencillamente desapareces. 


Entonces, a mi al menos la realidad me parece tan nítida como abrumadora. Nada en Chile va a cambiar mientras se mantenga  esta brutalidad de sistema democrático que nos rige. Mientras sea el mercado el que regule quien está en el congreso y quien no, mientras no exista posibilidad de participar para quienes tienen no pertenecen a la Concertación o a la Alianza. El problema es que estamos frente a un maldito círculo vicioso imposible de romper ya que quieres están llamados a liberar trabas en pro de una verdadera democracia son quienes viven gracias a este sistema, entonces... ¿Qué hacemos?



martes, 3 de mayo de 2011

Reforma electoral - Parte 1

Democracia chilena: el monopolio de unos pocos (Parte 1)


Cuando me hablan de Chile pienso en una nación regida completamente por el mercado. No existe un ámbito de nuestras vidas en que la oferta y demanda no marque los límites entre lo deseable y lo posible. Y bueno, la democracia 2.0 que hemos construido como país durante estos últimos 20 años no escapa a aquella realidad. 


La prueba es completamente visible. Basta el que nos acerquemos a un período de elecciones para que comencemos a presenciar el desagradable espectáculo de carteles en las calles y propagandas varias de candidatos en los medios de comunicación. 


Ahora todo ese gasto no se da porque si, los partidos saben que a mayor cantidad de comerciales en la radio, a mayor cantidad de papeles en las calles, plazas y tendido eléctrico, mayores son las posibilidades de ganar. De hecho, muchos no se contentan con ensuciar las ciudades sino que además contratan matones por un sueldo mínimo para que destruyan la publicidad del candidato oponente. Plata para esto, plata para lo otro. Por lo que dicho en palabras simples y prácticas: sin fondos, olvídate de competir. La contienda es desigual y por lo tanto la posibilidad de resultar electo es mínima (por no decir imposible). 


¡Además! El sistema pareciese que se quiere reír en tu cara cuando te enteras de que por ley el Estado devuelve a los partidos parte del dinero que estos gastaron en sus campañas, sin embargo, la devolución de fondos es directamente proporcional a los votos obtenidos por los candidatos (*1). Es decir, el que más gasta más votos obtiene y por ende es quien recibe las mejores devoluciones de dinero por parte del estado. Un verdadero loop diseñado para mantener en el poder a los mismos de siempre. 

De esta manera el sistema democrático chileno no escapa a la lógica de mercado y las oportunidades, es decir, en teoría cualquiera tiene la opción de presentarse, pero... ¿quiénes tienes realmente opciones de resultar electos?. La respuesta es una sola: los partidos que poseen poderes económicos que financien sus campañas. El círculo se completa cuando los partidos le devuelven la mano a estos poderes. ¿Porqué creen acaso que el poder político no se va en picada en contra de los monopolios que se encuentran detrás de las farmacias del país? ¿O en contra de la gran minería? ¿O en contra de las pocas manos que manejan desde hace medio siglo los pocos medios de comunicación que poseemos? Simple , porque el poder político es parte del mismo juego, liderado por dos coaliciones que arman un show cada 5 años y juegan a competir, pero que en el fondo se encuentran completamente de acuerdo en mantener esenciales reglas del juego en pro de su propio beneficio. A todo esto que menciono algunos lo llaman "democracia" (ja!), otros incluso usan la palabra "libertad" (doble ja!). Yo lo llamo monopolio de unos pocos. 


Entonces, si algún día de verdad queremos avanzar hacia un país verdaderamente democrático debemos diseñar un sistema electoral justo, limpio y en donde no sea el dinero utilizado en campaña el que marque absolutamente el resultado.


¿Establecer la imposibilidad de realizar propaganda electoral en lugares públicos determinados? ¿Imposibilidad de utilizar medios de comunicación como plataforma de propaganda electoral? ¿Fiscalizar el uso de recursos en campaña inhabilitando para el cargo de Senador o Diputado a aquellos candidatos que no cumplan con las normas establecidas?... ¿Porqué no? Todo con un único fin: que las ideas y propuestas de país sean las verdaderas protagonistas del asunto, no el dinero y el poder económico que apoye tu campaña.

CONTINUARÁ...

(*1) Ley de gasto electoral (ver artículo 13):

martes, 16 de noviembre de 2010

Voto voluntario II

Chile: La democracia de unos pocos (2da parte)

En Chile cada día son menos los pobres que votan. El país que habitamos se construye por las clases altas del país. Esta realidad es necesario modificarla, sin embargo la solución no pasa por el voto voluntario. Si vamos a discutir acerca de calidad democrática... hagámoslo en serio.

Por Esteban Martínez Covarrubias

En mi comentario anterior argumenté el que existe una directa relación entre la calidad educativa de nuestros ciudadanos y el interés juvenil por la política. Independiente de que la calidad democrática chilena sea penosa los jóvenes en Chile no votan porque son ignorantes de su realidad. Y esto se debe principalmente al bajo nivel educativo que poseemos como país. Y si no me cree (o no quiere creerme) lo invito a que revise la siguiente tabla, esta muestra que porcentaje de los inscritos en cada comuna corresponden a menores de 30 años (*1):




Para dejarlo bien en claro. Lo que afirma la estadística es que en La Granja, del total de inscritos en los registros un 5% tienen menos de 30 años mientras que en Lo Barnechea, entre todos los que votan, un 25% se encuentra en este rango. En pocas palabras: En La Granja el padrón electoral envejece y disminuye en cada elección mientras que en Lo Barnechea se mantiene intacto ya que se renueva.


Esta situación presenta un problema evidente. Siguiendo el ejemplo presentado y manteniendo las actuales estructuras sociales, dentro de 30 años en la Granja votará muy poca gente mientras que en Lo Barnechea un porcentaje alto de la comuna votará, es decir, en medida que pasan los años, poco a poco las decisiones del país se tienden a tomar en las comunas de mayores ingresos del país. Las clases medias y bajas chilenas son completamente funcionales a un modelo económico escogido por los sectores "acomodados" del país.

Luego, teniendo completamente claro el fenómeno que elección tras elección ha ido erosionando nuestra calidad democrática nos debemos realizar la siguiente pregunta: ¿Representan la inscripción automática y el voto voluntario la solución al problema? De acuerdo a mi opinión la respuesta es claramente negativa.

La idea de que estas medidas mejorarán de por si la calidad democrática de nuestro país es absurda. Existen varias teorías en torno a quienes no se inscriben en los registros electorales, las principales afirman que : deciden mantenerse al margen por alguna razón ideológica (no ser parte del sistema podría ser) o que simplemente "les da lata" realizar el trámite físico de ir a inscribirse. Pues bien, el voto voluntario no atiende a ninguna de las dos "necesidades" mencionadas.

Quienes sostienen una razón ideológica para no votar (los menos, claro está) son indiferentes frente a si el voto es voluntario u obligatorio. No votarán mientras el sistema no cambie pero este sistema se modifica mediante el voto. Luego ellos viven en un espiral sin salida. Ahora, quienes no se inscriben "por flojos" tampoco se motivarán a votar pese a encontrarse inscritos automáticamente, ya que si ir a inscribirse implicaba cansancio para ellos , el efectivamente votar si que representará un esfuerzo físico importante (levantarse, ir a un colegio, hacer una fila, sacar un lapiz, marcar una linea, borrar con una goma si se cometió un error, ingresar el voto en una caja, volver a la casa, etc).

Ahora, en lo práctico la discusión entre una inscripción automática o voluntaria me parece irrelevante. Lo que si no puede seguir existiendo en Chile es una inscripción voluntaria y un voto obligatorio (como funciona actualmente el asunto). Es irracional que alguien sea multado por no votar siendo que la prácticamente 4 millones de chilenos tampoco lo hacen pero se salvan de la multa por el hecho de no estar inscritos. El sistema chileno invita a inscribirse a los jóvenes pero luego los multa (y no con poco dinero) si es que no le interesa participar en las elecciones. Eso no puede continuar.

Luego las dos fórmulas que se discuten en el congreso parecen sensatas: inscripción automática al cumplir 18 años + voto voluntario (opción apoyada por el PPD, PS y la derecha) o inscripción automática a los 18 años + voto obligatorio con la posibilidad de voluntariamente eliminarse de los registros electorales (opción de la Democracia Cristiana). Ambas fórmulas creo son aceptables y sea cual sea la que se imponga finalmente vendrá a mejorar el actual sistema electoral chileno.

Pero creo necesario sincerar de una vez por todas el discurso. Si vamos a discutir sobre la calidad de nuestra democracia hagámoslo en serio y pongamos los temas de verdad sobre la mesa: financiamiento de las campañas electorales, término del binominalismo y la exclusión completa de las minorías, discusión de las iniciativas populares, finalizar con las trabas para que dirigentes sindicales puedan optar a cargos públicos, etc.

Es necesario que el sistema en algún momento se equilibre un tanto hacia quienes no tienen la posibilidad de expresarse hoy en día. Por un Chile más justo y digno.

Saludos. Opinen.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Voto voluntario I

Chile: La democracia de unos pocos (1ra parte)

Parte importante de las nuevas generaciones no se interesan por la política pese a que esta afecta directamente sus vidas. Y si bien hay muchas razones que explican este fenómeno soy un convencido de que el principal motivo por el que los jóvenes no muestran interés por la política guarda relación con la ignorancia generalizada en la que viven.

Por Esteban Martínez Covarrubias

Hay realidades que derriban teorías. Y si bien en los libros el voto representa un acto cívico que debería encontrarse incorporado en el sentir de todos los chilenos, los hechos nos demuestran elección tras elección de que esto no es así. De hecho muy por el contrario: el padrón electoral chileno tiende a reducirse cada año. Dicho en palabras simples: envejece más rápido de lo que se renueva.

Parte importante de las nuevas generaciones no se interesan por la política pese a que esta afecta directamente sus vidas. Y si bien hay muchas razones que explican este fenómeno (una democracia muy poco participativa o el trauma generacional post dictadura, entre otras) soy un convencido de que el principal motivo por el que los jóvenes no muestran interés por la política guarda relación con la educación que reciben día tras día en sus hogares, en sus colegios y en los medios de comunicación. La suma de estas tres variables definitivamente han fomentado la escasez de debate y la ignorancia en nuestro país. Es lógico : ¿Quién opina de algo que no conoce? ¿Quién debate y discute acerca de algo que no entiende?


En Chile existe una directa relación entre la calidad educativa y la realidad socio económica de una familia. Eso ya no es secreto para nadie. De la misma manera existe relación entre la participación en política y la educación que reciben nuestros jóvenes. Mientras en las comunas de mayores ingresos la participación de los jóvenes en política se produce con relativa normalidad, en las de clase media o baja esta es casi nula. Al paso que vamos ¿Qué ocurrirá en los sectores de bajos ingresos dentro de 10 a 15 años? El porcentaje de gente que participará en política en los sectores medios y bajos será prácticamente insignificante. Las decisiones que recaen sobre la ciudadanía lentamente se comienzan a tomar donde se encuentra el dinero y el poder, por ende los mejores colegios y el acceso a las mejores universidades del país. Es el círculo de la desigualdad chilena.

Me queda la sensación de que Chile en materia democrática, en lugar de avanzar, retrocede en el tiempo y comienza poco a poco a rememorar la llamada "era Portaliana" desarrollada durante gran parte del Siglo XIX, época que se caracterizó por una participación política elitista en donde sólo poseían derecho a voto los hombres pertenecientes al sector "empresarial" del país.

En medio de este escenario es que se comienza a discutir la idea de establecer en el país la inscripción automática en los registros electorales y el voto voluntario. Quienes apoyan esta medida han esgrimido básicamente dos razones: el aumentar la participación juvenil en las votaciones y por otro lado mejorar la calidad democrática del país. ¿Se cumplirán ambos objetivos gracias a la iniciativa? Es lo que pretendo discutir en mi siguiente reseña. En la presente sólo me gustaría dejar instalada una idea, esta es que previo a todo existe un importante problema relacionado con la calidad educativa del país y con la pobreza de nuestros medios comunicacionales. Mientras estas dos variables no mejores considerablemente viviremos en un Chile dividido en dos: un sector educado y con directa participación en las direcciones que adopta el país y otro ignorante, destinado a recorrer toda su vida un camino diseñado por otros.

C O N T I N U A R Á...