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jueves, 17 de septiembre de 2015

Pecado de madre


Comencemos derribando un mito: eso de que este gobierno, particularmente este gobierno, tiene una baja aceptación ciudadana. Eso no es así. Los que llevamos años interesados en esto de la política podemos dar fe de un par de datos al respecto:

Primero. No ha habido gobierno en estos últimos veinte años que durante sus primeros dos años no haya marcado una baja aprobación ciudadana. Pasó con Eduardo Frei Ruiz-Tagle, a quien durante todo su gobierno la gente le reprochó el que pasase más fuera que dentro del país (eso si, hoy todos disfrutan callados de las bondades que entregaron los diferentes Tratados de Libre Comercio firmados entonces), pasó con Ricardo Lagos, con el primer mandato de Bachelet y también con Sebastián Piñera.

La diferencia radica quizás en que dicha aprobación ha ido marcando números cada vez menores. Si Lagos y Bachelet nunca bajaron en las encuestas del 40% (¡Aquello se consideraba bajo en ese entonces!), Sebastián Piñera llegó en algún momento a ser aprobado únicamente por el 29% y hoy Michelle Bachelet se ha anotado con una cifra menor aún. Es decir, con el paso de los años la aprobación ha disminuido. Pero ojo a algo: también ha disminuido la participación electoral, de hecho, en las encuestas la gente evalúa mal a todos los sectores políticos. En palabras simples: fuese quien fuese gobierno, en materia de encuestas las cosas no serían muy distintas a estas alturas. Sobretodo considerando el contexto político que hoy vivimos, marcado por diversos escándalos de financiamiento electoral.

Y segundo. Si bien todos los gobiernos han comenzado con una baja aprobación, poco a poco han ido repuntando esos números hasta finalizar bastante arriba. En simple: a la gente le baja el cariño entrado el tercer año. Pasó con Lagos (que terminó siendo aprobado por un 70% en las encuestas), Bachelet y también con Sebastián Piñera (que terminó su gobierno por sobre el 50% de aprobación). No me extrañaría entonces que entrado 2016 todos estos numeritos que a tantos hoy escandalizan comenzasen a subir.

Ahora, independiente de todo esto, nadie podrá negar el que Michelle Bachelet quedó muy mal parada tras el incidente vivido por su hijo Sebastián Dávalos, sobretodo tras su reacción (o más bien la falta de esta) una vez conocido el abuso de poder cometido por el mencionado. A Bachelet se le critica el haber reaccionado como madre y no como Presidenta de la República y dicha crítica me parece válida. Debió ser más enfática, condenar con claridad los hechos, y no limitar su análisis a un "yo no sabía nada". Se equivocó, perjudicó con esto su imagen y pagará el error, pero de ahí a decir que este gobierno ha sido un desastre....  mucha distancia. Tiempo al tiempo. 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cuesta creerles...

Por un asunto de dignidad: yo no voto Concertación.

Cuesta creerles el "ahora si que si" y frente a la duda, prefiero abstenerme. Es un asunto de dignidad. Se han cambiado el nombre, hoy se hacen llamar "Nueva mayoría", sin embargo, siguen siendo los mismos (más el Partido Comunista) quienes frente a la contingencia, viendo que la cuestión social está de moda y dado que existe voto voluntario (lo cual permitirá el ingreso de muchos jóvenes al sistema) han acomodado su discurso. Pero siguen siendo los mismos, piensan y razonan igual por lo que no veo razón por la que hoy deberían actuar diferente.

En educación, hablan de fortalecer el sector público (muy general aquello por cierto), sin embargo, en 2007 cuando la mismísima Michelle Bachelet tuvo la oportunidad de cambiar la historia de miles de chilenos decidió derogar la LOCE para aprobar la LGE. Es decir, maquillar el asunto para que el modelo siguiese funcionando. No tocó a los colegios particulares subvencionados, no incrementó de manera importante el financiamiento ni tampoco avanzó un centímetro en la formación docente.

En materia de pensiones Michelle Bachelet también tuvo la oportunidad de hacer historia. Enfrentada a una cruda realidad, que hablaba de miseras pensiones entregadas por el sistema de AFP, el equipo de hacienda (encabezado por el entonces ministro Andrés Velasco) generó el llamado "pilar solidario", el cual tenía por objetivo mejorar las pensiones mínimas que recibían personas que poseían lagunas en su período laboral. En aquel entonces declaraba el mismo Velasco: "la idea es que mediante este sistema, una persona que actualmente recibiría una pensión de $90.000, reciba $109.000 en 2009 y a partir de 2012 pueda recibir $138.000". Un avance, si. Pero habría que preguntarle a Andrés Velasco si el podría vivir con 138 mil pesos...

Tanto en educación como en previsión, las medidas propuestas por el gobierno de Michelle Bachelet fueron meros parches que poco o nada mejoraron la situación de los chilenos, sin embargo, la promulgación de ambas leyes se realizó entre aplausos en el congreso. Con brazos alzados al aire, tanto la derecha como la Concertación hablaron entonces de "reformas históricas" (*) y en ningún momento le oímos decir a la mandataria que estás medidas no eran de su agrado o insuficientes dada la realidad. Todo lo contrario, la auto complacencia fue generalizada.

Lo mismo había ocurrido unos cuantos años atrás, en 2005 para ser más preciso, año en que Ricardo Lagos modificaba la constitución retirando de ella los llamados "enclaves dictatoriales". Negar la importancia de aquellas reformas sería absurdo pero de ahí a creernos el que era otra constitución hay un mundo de distancia. Pero Ricardo Lagos y el mundo concertacionista hablaba (nuevamente) de una jornada histórica (**) y destacaban el hecho casi como si fuese a marcar un antes y un después para Chile.

La Concertación no solo mantuvo el modelo de mercado impuesto en dictadura, sino que lo profundizó teniendo la oportunidad de actuar distinto. ¿Cómo se puede entender entonces el que hoy lo critiquen? ¿El que hoy hablen del fortalecimiento de la educación pública? ¿De un nuevo sistema de pensiones? ¿De una nueva constitución? ... ¿Es creíble todo aquello? Para mi no. Por un asunto de dignidad yo no voto Concertación. 


miércoles, 25 de abril de 2012

Educación: se perfecciona el modelo de mercado

Vamos... ¿bien? 

Dos noticias importantes relacionadas con educación han visto la luz durante las últimas semanas. La primera guarda relación con la entrega anual de los resultados del SIMCE 2011, la segunda con el anuncio por parte del Ministerio de Educación de terminar con el polémico crédito con aval del estado (CAE). Ambas noticias apuntan en la misma dirección: el gobierno de Sebastián Piñera profundiza de manera muy astuta, tanto en el discurso como en los actos, el actual modelo educativo de mercado. 

Por Esteban Martínez Covarrubias

Hablemos del SIMCE. Los resultados (*1) entregados recientemente muestran básicamente que en matemática los cuartos básicos tanto de liceos municipales como colegios particulares subvencionados suben (9 y 4 puntos en promedio respectivamente), mientras que en lenguaje bajan ( 3 y 5 puntos). En octavo básico no se obtuvo mayor diferencia en relación a la medición anterior (en lenguaje se subió 1 o 2 puntos, en matemática se bajó la misma cantidad). Sin embargo, la suma de estos datos se presenta ante nosotros, tanto por parte de medios comunicacionales como el gobierno, como una clara señal de avance, al punto de que el presidente ha declarado que "la calidad en nuestra educación esta mejorando y las desigualdades, las brechas entre ricos y pobres, están disminuyendo" (*2). 

¿Dará para tanto digo yo? Sobretodo considerando que si ahondamos más aún en las cifras tenemos que los promedios de colegios municipales y particulares subvencionados, tanto en cuarto como en octavo básico, rondan entre los 240 y 260 puntos. Dicho claramente, estamos hablando de que un alumno que normalmente se sacaba un 2.5 de promedio, el año pasado terminó con un 3.0. Sigue estando mal, sigue sin saber leer ni operar aritmética básica, sin embargo ahora está "menos mal que antes". ¿Estos datos nos dicen entonces de que vamos bien encaminados? ¿Da para creer que el modelo está bien y que solo necesita correcciones? ¿O simplemente son señal de que tanto dinero se le ha metido al sistema en los últimos años (sobretodo en los quintiles más pobres) que ... algo se tenía que subir? 

Por otro lado, unos días atrás recibimos el notición de que el gobierno lanzará un proyecto dispuesto a terminar de una vez por todas con el invento de Ricardo Lagos y su entonces ministro de educación Sergio Bitar: el crédito con aval del estado. Lo que en un inicio se había limitado a la reducción del interés de este ahora pasará a la eliminación del sistema como tal, creando así una entidad dependiente del estado pasará a administrar la entrega del crédito universitario. En otras palabras, lo que el gobierno ha hecho es extender el actual sistema del "fondo solidario" para cualquier tipo de institución de educación superior, pública o privada, con o sin fines de lucro. 

El paso dado por el gobierno es positivo, inteligente y acertivo. Positivo porque se preocupa del endeudado bolsillo de la clase media/baja chilena, inteligente porque entrega un calmante no menor a un sistema de financiamiento que agonizaba y le hace creer a la población chilena que soluciona el problema con esto (siguen sin preocuparse en absoluto del control de la calidad de las entidades de educación superior y sus respectivos aranceles) y acertivo porque habla de expulsar a la banca privada, de estatizar el crédito en un momento donde el movimiento estudiantil busca re articularse para enfrentar este 2012. 

Cabe la pregunta entonces... ¿porqué a la Concertación no se le ocurrió algo así? ¿Porqué fueron más papistas que el papa? ¿porqué la Concertación privatizó tanto al punto de que la derecha se ve en la necesidad de estatizar para salvar el modelo? Tengo la sensación de que la gente de la Concertación se dedicó durante 20 años a aplicar un libre mercado de manera brutal e irracional y que la derecha viene hoy a regular un poco los límites del negocio. El problema es que junto con esta regulación viene la eterna idea de "humanizar el libre mercado" y con esa idea pretenden entretenernos otros 20 años. 





jueves, 11 de agosto de 2011

Segundo tiempo de Piñera

¡Otra oportunidad, otra oportunidad... !


Con un 26% de aprobación el gobierno de Sebastián Piñera asume que debe renunciar a sus convicciones con tal de mantener el rating alto. No entiende que la crisis que vivimos incluso se encuentra por sobre su persona. Es una crisis de Estado que requiere cirugía mayor.


Por Esteban Martínez Covarrubias


Siempre me ha llamado la atención la encuestitis aguditis que sufre la política chilena. Como cuando Ricardo Lagos presentaba índices de aprobación que rondaban el 70% ¿Lo recuerdan finalizando su período? ¡El tipo era un semidiós! ¡Intocable! Se retiró de La Moneda ovacionado y todo lo adoraba. Sin embargo, Lagos fue un irresponsable mayúsculo. No fue capaz (o derechamente no tuvo el cuero) de aprovechar ese momento de embobamiento nacional para poner sobre la mesa temas de vital importancia tales como educación, , democracia, participación ciudadana, , la discusión tributaria, matriz energética. Todos temas que hoy nos revientan en el rostro. Y eso sin mencionar siquiera lo que se venía con Transantiago: la incompetencia hecha carne. 

Con Bachelet la historia se repitió, pero esta vez fue peor aún. Como vivimos en un país aún tremendamente machista a la mami Michelle se le perdonó todo por ser dama. Entonces no solo se volvió a tropezar con la misma piedra y se le elevó a una categoría inmerecida solamente gracias a las encuestas sino que además se le dio un trato preferencial por el solo hecho de ser mujer. ¡Siendo que Michelle si que se mandó un numerito imperdonable! Ella vivió en mitad de su gobierno una "revolución pinguina", es decir, tuvo la chance perfecta de hacer historia y cambiar el rumbo en materia educativa. Estuvo en sus manos el evitar todo lo que hoy estamos viviendo. Pero tal como Lagos en su momento, no fue capaz (o no tuvo el coraje) de usar el momento a favor del país, de su gente y prefirió abanicarse con las encuestas. 

El político se debe a su público - dirán algunos, por lo que las encuestas mandan. Si estas andan bien, es señal de que el rating va subiendo y el sistema camina. ¿Y el contenido? ¿El fondo?...  ¡Que importa! Lo importante es que la rueda gire. Eso nos da el sueldo y nos da de comer. 

¡Bastante miope nuestra clase política entonces! Ya que cualquiera que conozca un poco la historia de Chile sabrá que cuando se tiene cierta oportunidad histórica esta se debe aprovechar para que no nos reviente en el futuro. La irresponsabilidad de los políticos de fines del siglo XIX generó un descontento social que comenzó a manifestarse poco a poco a comienzos del siglo XX , primero vía nacimiento de partidos políticos de izquierda, luego a través de protestas obreras masivas e históricas a lo largo del país. La injusticia y la miseria por aquellos años era evidente, pero las instituciones gubernamentales no lo comprendieron del todo hasta cuando la crisis estaba desatada frente a sus narices. Todos sabemos como culminó aquello: país completamente polarizado, lleno de odios de clase, un gobierno de Allende que ansiaba dar ese necesario paso histórico hacia la justicia social (en muchos casos con más ganas que talento, hay que decirlo), una derecha anti democrática que no estaba dispuesta a permitir el avance de la izquierda en el país y posterior golpe de Estado en 1973. 

Hoy, a casi 40 años de aquel desastre, nos encontramos con un gobierno que enfrenta baja aprobación ciudadana, protestas en las calles, descontento social y si bien la crisis no se ha desatado con el nivel de polarización que se encontraba en 1970, si me parece nuestro presente muestra similitudes el gobierno que llevase adelante Jorge Alessandri en 1960 ( historia cíclica ... ¡cuidado!). "Gobierno gerencial", "Ministerio técnico" que a mitad de período da paso a uno político dadas las necesidades del momento y fin del mandato en medio de una descarga social generalizada. En ese entonces el descontento dio paso a un gobierno de Eduardo Frei Montalva, hoy no sabremos a donde irá a disparar esto. 

Por estos días Sebastián Piñera me da un poco de pena. Víctima de los síntomas de la encuestitis aguditis asume que si estas andan mal, es señal de que debe renunciar a sus convicciones. Le han recomendado que se calle un poco (luego de tanta "piñericosa" el consejo suena cuerdo) y políticamente más que una nueva, exhibe una muy añeja forma de gobernar, situando en sus ministerios a personajes de una vieja escuela y más relacionados con la dictadura de Pinochet que con el futuro (Matthei, Chadwick, Lavín, Longueira, Allamand...¡Team 1990 a la carga!). Piñera habla en su eterna jerga pelotera y se refiere al segundo tiempo de su gobierno casi como pidiendo otra oportunidad. Y bueno, la tendrá. El hombre espera el milagro, el cual con Bachelet se dio. Ella partió muy mal pero a mitad de período arregló su naipe también sacando de la manga a la vieja escuela (Belisario, Pérez Yoma), se escondió siempre tras los dichos Francisco Vidal, dejó que Andrés Velasco tomase las decisiones relevantes en materia económica y los asuntos mejoraron. 

Ahora, independiente de si esta vez ocurre el milagro o no. Independiente si este cadáver vuelve a caminar, me parece relevante insistir en el que el problema que vivimos en Chile no tiene que ver con personajes en particular. Es una crisis de instituciones, de representatividad y participación, de sistema democrático, modelo económico y social. Es una crisis que se viene gestando desde mediados de los 80's y que nadie ha tenido los pantalones de asumir. El temor que tengo es que la historia se repita y sea nuevamente un gobierno de izquierda quien decida modificar esto de una vez por todas, el drama ahí es que la derecha que veo en Chile me sigue pareciendo tan anti democrática como la de 1970 , ellos no se han renovado ni han aprendido de sus errores, por lo que la historia puede volver a repetirse. Esperemos que no. 

martes, 26 de enero de 2010

Derrota Concertación

Se veía venir

La reciente derrota de la Concertación en las presidenciales se veía venir desde hace mucho tiempo. Más de lo que muchos quisiesen ver incluso.

Muchos méritos tuvo la Concertación en sus inicios pero quizás el más importante fue el comprender que a la hora de construir en política la primera mirada debe ser hacia dentro, primero debes sanar tus propias heridas para después analizar al oponente.


Fue de esta manera que los partidos Socialista y Demócrata Cristiano, sectores que en un momento de la historia parecieron irreconciliables, entendieron que para vencer a la dictadura se debía mostrar al país un gesto de unidad verdadero y potente. Se sentaron entonces a la mesa y aunaron criterios. Revisaron su pasado, su historia, enfrentaron las héridas y a partir de ahí decidieron construir el futuro de Chile juntos. Con esto parte de la izquierda chilena se tomó "el centro" y aisló a la derecha, la cual a su vez nunca se desembarazó del gobierno militar, de sus políticas y abusos varios. Triunfó así la Concertación de manera categórica en el plebiscito de 1988 y posteriormente en las presidenciales de 1989 y 1993.

El problema fue que el tiempo pasó, los viejos van muriendo y el padrón electoral se va modificando (aunque muy lentamente en el caso chileno). Con esta renovación aquel discurso "contra la derecha pinochetista" poco a poco comenzó a perder peso y poder real. Fue de esta manera que en 1999 Ricardo Lagos necesito del voto de los comunistas para vencer a un populista y básico Joaquín Lavín y en 2005 fue Michelle Bachelet quien nuevamente necesito de la llamada "izquierda extraparlamentaria" para vencer a la derecha. Esta vez sencillamente no les alcanzó.


La Concertación se emborrachó de sus triunfos no viendo (o no queriendo ver) la realidad. Se conformó con vencer a la derecha elección tras elección sin importar el como, no se detuvo jamás a revisar de manera autocrítica el modelo económico ni de analizar aspectos fundamentales tales como la pésima distribución de la riqueza que existe en Chile o el desigual acceso a derechos básicos tales como la educación y la salud. Poco a poco comenzó a evidenciarse una contradicción vital entre el discurso y los hechos por parte de la coalición oficialista. Por una parte se hablaba de una nación más justa pero hoy recordamos como Ricardo Lagos entregó un país aún más desigual que el que la Concertación recibió en 1990 (que ya era bastante). Se hablaba de participación ciudadana pero los índices de participación real eran cada vez menores. Según SERVEL(1*) si en 1992 un 88% de los jóvenes menores de 30 años se encontraban inscritos en los registros electorales para 2002 la cifra había descendido a un 22%. Aquel dato por si solo ya daba para que la Concertación realizase una respectiva autocrítica, la cual nunca llegó. Muy por el contrario, siempre oímos soberbia "el país nos apoya", "la ciudadanía agradece el camino que hemos adoptado", etc . Todas frases mentirosas que no dejamos nunca de oír durante estos últimos 20 años.


Probablemente dentro de todo el historial de errores de visión por parte de la Concertación el más patético de todos vino a producirse en la campaña presidencial 2009. Michelle Bachelet encumbraba su popularidad por sobre el 80% en las encuestas y el candidato oficialista Eduardo Frei obtiene en primera vuelta un 29% de las preferencias. ¿Qué tal? ¿Cómo se entiende aquel hecho? Algunos todavía andan buscando explicaciones y culpables cuando los errores han estado siempre ahí, a la vista de cualquiera. Sólo había que levantar la alfombra un poco.

La Concertación no quizo ver que sus triunfos no se debían principalmente a las políticas adoptadas durante sus gobiernos sino que a múltiples factores tales como el mencionado "rechazo a la derecha", la lenta renovación del padrón electoral (al inscribirse pocos jóvenes votaban practicamente siempre los mismos elección tras elección) y el carisma de personajes tales como Ricardo Lagos o Michelle Bachelet. Para muestra un sólo botón: ¿Cómo se entiende que medio país haya criticado la famosa LOCE en educación pero luego cuando Michelle Bachelet aprobara la LGE nadie dijese nada? ¡Simple! La mayoría de la gente en Chile ha recibido pésima educación durante 30 años, luego su capapacidad de análisis es nula. La mayoría simplemente se suma a lo que le suena bonito. De ideas nada.

Y llegó la designación del candidato para las elecciones 2009 y los partidos de la Concertación, enceguecidos por tanto triunfo consecutivos, no lograron ver que Eduardo Frei era el peor de los nombres que podían escoger: su imagen venía muy desgastada tras su gobierno (dejó el poder con un 28% de aprobación) , representaba a "las viejos políticos" estancados en el poder y tenía muy poco carisma como candidato. Con todo aquello lo escogieron y ahí están los resultados: derrota frente a una derecha que no pudo ser más torpe a su vez, pero derrota al fin y al cabo.

En mi parecer la Concertación debió perder en 1999 y sino en 2005 también debió perder. Pero cosa curiosa, la poca participación que supuestamente a ellos no les gustaba los terminó salvando. Hoy no deben seguir engañandose. Sólo un 29% de quienes votan (¡que poca gente!) los quería nuevamente en el poder y si aumentaron ese porcentaje a un 48% en segunda vuelta esto se debió exclusivamente al rechazo a la derecha, es decir, a un voto sin convicción, un voto por descarte. Dicho de otra manera: desde hace 10 años que la Concertación era "el mal menor" y con eso les bastaba para triunfar. Hoy cuando les ganó "el mal mayor" creo que es momento de sacar los trapitos al sol y realizar una limpieza profunda en el sector.

¡Opinen!
Saludos
Esteban











sábado, 13 de junio de 2009

Eduardo Frei I : La raiz del problema

¿Y cuándo comenzó el problema?

Para 2004 era perfume a infección. En 2005 olía a podrido. Hoy, tras casi 10 años de estancamiento esto parece cadaver.

La crisis de la Concertación se veía venir desde hace muchos años. El que en 2005 tuviesen que apoyar a Michelle Bachelet , una mujer sin experiencia ni caracter, como candidata presidencial fue una de las tantas señales que hacían presagiar que esto venía en caída libre. Y las señales apuntaban a una sola conclusión: la coalisión de gobierno se estaba sosteniendo por rostros y no por ideas.

Un primer síntoma de este desgaste del oficialismo fue la idolatración enfermiza que comenzó por ahí por 2004 hacia la figura de Ricardo Lagos. ¿Y todo porqué? Por unas cuantas encuestas que le entregaban a Ricardo Lagos una aprobación de su mandato cercana al 70%. Tales cifras enceguecieron a la clase política no permitiéndoles ver hechos que vinieron a reventar precisamente durante el gobierno de su sucesora Michelle Bachelet. Crisis en la educación, escándalos de corrupción en Chile Deportes y Ferrocarriles del Estado , un crecimiento económico estancado, un país con índices de desigualdad aberrantes, proyecto Pascua Lama aprobado, un sistema político poco participativo y excluyente, una clase política (gobierno y oposición) cómoda con el Status Quo y por si fuese poco: Transantiago.

Todos lo vieron venir. Pero nadie dijo nada. Nadie se atrevió a alzar la voz en contra del hombre de moda del momento. ¿Total? Se venía un nuevo período al mando y 5 años más de sueldo de Estado asegurado ¿no? Se venían ministerios, puestos en el congreso, intendencias, municipios... ¡Qué importaba el país!

Se rindieron todos en favor de las encuestas y asimismo escogieron a la Sra Michelle Bachelet. ¡¿Qué importaba que la mujer no tuviese manejo?! Total... el pueblo la quería. Primero la persona, primero la foto, el proyecto de gobierno se armaba después. Primero había que ganar y después se hacía camino al andar.

De pronto a esta Concertación que asumió en 1990 llena de ideales y convicciones comenzó a darle lo mismo el fondo. Lo que importaba era seguir ahí... ganando. Y en ese camino fueron poco a poco renunciando a todas las banderas que alguna vez alzaron propias. En ese proceso el choclo se fue desgranando. Ya por 2007 comenzaron los conflictos internos y los primeros "díscolos" dentro del conglomerado oficialista. Para 2008 la herida era más que visible y las voces que desde dentro comenzaron a diferir en asuntos escenciales fueron muchas.

En educación se aprobó una LGE, la cual profundiza el actual fracasado sistema educacional chileno, algo parecido se realizo en previsión, para parchar el desastre del Transantiago se metió mano a la billetera fiscal inyectando millones y millones de pesos en un saco roto. Frente a estos temas y muchos otros las diferencias internas fueron muchísimas y el desangre se produjo.

En medio de todo este desorden interno se fueron acercando las presidenciales y había que escoger un candidato. Sonaron José Inzulza , Soledad Alvear y el mismísimo Ricardo Lagos. Pero cosa curiosa: ninguno de los tres quizo asumir la responsabilidad.

Para mi tanto José Miguel Inzulza como Ricardo Lagos fueron unos cobardes en materia política. Inzulza prefirió su cómodo sillón en la OEA a enredarse en una pelea que en lo personal creo nunca estuvo dentro de sus espectativas. Es decir, seamos realistas: Inzulza jamás ha soñado con ser presidente, que se lo ofrecieran es otro cuento. Lo del "Capitan Planeta Lagos" fue en su estilo: el era candidato pero sin primarias internas. ¿Qué tal?

¿Y Soledad? Hasta nunca Soledad. Un par de malas movidas políticas en las municipales 2008 y perdió todo el piso que alguna vez pudo tener en la coalisión.

Finalmente el que nunca pensamos que tenía alguna chance de ser el candidato terminó siéndolo: Eduardo Frei Ruiz Tagle, quien viene por su revancha supuestamente y que ha llevado adelante una candidatura llena de trabas.

Esta confundida y desgastada Concertación no logra alinear sus lineas tras Don Lalo. Estan divididos al punto de que un porcentaje de apoyo "fantasma" ronda en torno a la figura de Marco Enriquez-Ominami. Hay voces que argumentan que si los resultados de la encuesta CEP, proximos a aparecer a fines de Junio, no son favorables a Frei habría que bajar su candidatura.

A diferencia de 1994 , cuando salió electo presidente con más de un 55% de apoyo, hoy Frei se encuentra inmerso en una coalisión muy diferente a la que existía en ese entonces. Hoy la llamada "transición democrática" se acabó y hay una exigencia mayor frente a el candidato oficialista. En 1994 probablemente a muchos la figura de Frei les generaba desconfianza pero se lo tragaron porque creían en el proyecto de la Concertación, creían que el fondo era lo importante. Hoy las cosas son muy distintas y desde un comienzo desde distintos sectores mostraron diferencias frente a la elección del candidato democratacristiano.

Ya lo conocemos. Ya sabemos como piensa. Ya sabemos como actua. ¿Tendrá algo nuevo que ofrecer? Tal parece que por ahí va el problema. Eduardo Frei representa para muchos aquello que este país debe superar: una clase política arcaica poco representativa y congelada en el poder por ya casi 20 años.

La desconfianza es natural.

Saludos
¡Opinen!

Esteban