martes, 19 de mayo de 2020

¿Protección para quién?

"... para los de siempre"

La gran promesa neoliberal se cae a pedazos, y si sobrevive es unicamente porque la izquierda históricamente jamás ha logrado ponerse de acuerdo en algo. Pero Chile, el experimento latinoamericano capitalista por excelencia, vuelve a dar muestras de que a la hora de vivir una crisis, la única respuesta que el modelo puede darle entregarle a la ciudadanía es el desamparo y la incertidumbre. 

Para muestra un botón: la presente pandemia del Covid 19, frente a la cual el gobierno de Sebastián Piñera no tuvo mejor idea que presentar la llamada "Ley de protección del empleo" para entregar tranquilidad (?) a los trabajadores del país. Esta ley permite que el empleador suspenda los contratos laborales vigentes y pueda no pagar remuneraciones mientras se extienda la crisis. ¿Cuál es el objetivo del proyecto? Uno solo: darle aire a las empresas, que estas no quiebren y así evitar despidos masivos. ¿Alguna garantía para los trabajadores? Solamente una: que al término del confinamiento seguirán teniendo trabajo... al menos por un rato, ya que nada asegura en que condiciones laborales se producirá dicho regreso. ¿Se mantendrán las condiciones contractuales previas? ¿Por cuanto tiempo? Nadie asegura nada. 

Por si fuese poco, el Estado confía ciegamente (una vez más) en la mano invisible, es decir, permite que empleadores decidan unilateralmente el suspender el pago de remuneraciones sin que absolutamente nadie revise si efectivamente esta medida era imperiosamente necesaria de tomar. El gobierno, por tanto, coloca todas sus fichas en la idea de que el resguardo a la fuente laboral es lo principal, mientras que el bienestar de los trabajadores pasa a ser un asunto secundario. Una declaración de intenciones propia de un gobierno comprometido hasta las raíces con políticas neoliberales absolutamente salvajes. 

¿Y de qué vivirán los trabajadores mientras dure esta crisis? La ley permite que estos puedan subsistir cobrando su seguro de cesantía en las AFC, sin embargo, esta situación presenta dos inconvenientes evidentes. En primer lugar el que este seguro reembolsa solo parcialmente la remuneración del trabajador (un 70% del sueldo bruto en un primer mes, luego un 55%, un 45%, un 40%, etc), es decir, durante los meses en que el virus impida regresar a trabajar los trabajadores deberán vivir mes a mes con solo una parte de su sueldo habitual (una parte cada vez menor). Así mismo también existe el inconveniente de que no todos poseen fondos suficientes en su cuenta de AFC, cabe recordar que este pozo se compone mes a mes con un aporte del 3% de la renta bruta (0,6% lo entrega el propio trabajador mientras que un 2,4% es aportado por el empleador), dicho en simple: si un trabajador gana 750 pesos mensuales imponibles (600 mil líquidos), mensualmente aportará 22.500 pesos a su cuenta, o sea, 270 mil pesos en un año. ¿Cuántos años de cotizaciones necesitará este para tener un pozo que le permita subsistir durante dos o tres meses ? Al menos entre seis a ocho años en condiciones regulares...

Por si esta inestabilidad salarial fuese poco, existe incertidumbre respecto a lo que ocurrirá al término de la crisis. A día de hoy, más de 500.000 trabajadores (*) se han visto afectados por la Ley de protección del empleo, un 42% de estos aproximadamente corresponden a Pymes, un 27% a micro empresas y un 31% a Grandes empresas. Es de suponer que estas últimas estarán en mejores condiciones para afrontar el regreso, sin embargo, ¿qué ocurrirá con esos cerca de 200 mil trabajadores pertenecientes a pequeñas y medianas empresas que podrían verse afectados por reducciones salariales, quiebras o incluso despidos? Existe la posibilidad de que cientos de ellos queden en la más completa indefensión: sin trabajo y con sus fondos de cesantía ya consumidos. Eso sin mencionar que el mercado laboral podría abaratar muchísimo sus costos, afectando remuneraciones y condiciones laborales de diverso índole. 

De esta manera, los trabajadores chilenos han quedado a merced del mercado. Una vez más el modelo neoliberal da muestras de absoluta incompetencia a la hora de entregar bienestar y seguridad a las personas. Ante la crisis el neoliberalismo te abandona y el fracaso del modelo ya no puede ser más evidente. 



jueves, 7 de noviembre de 2019

Un Gobierno Que NO Escucha...

“... y no aprende” 

La nula capacidad de escucha del gobierno de Sebastián Piñera quedó retratada a pocos días de haberse iniciado la crisis que vivimos actualmente en Chile. En ese entonces el Presidente anunció una “agenda social” que incluía medidas tales como el aumento en un 20% de la pensión básica solidaria (unos 20 mil pesos de alza) o la creación del sueldo mínimo garantizado, entre otras medidas. Todas estas ideas, sin embargo, resultaron absolutamente insuficientes a ojos de la población y sonaron más bien a parches que lejos de modificar estructuralmente al modelo económico insistían en hacer del Estado un ente subvencionador de instituciones privadas. Dicho en simple: el gobierno insistió en que el Estado le financiase el negocio a privados. 

Las marchas y protestas continuaron, se comenzaron a mezclar con los desórdenes e incidentes serios tanto en Santiago como en regiones y el gobierno volvió a mostrar una absoluta incapacidad para manejar toda esta ola de descontento y violencia. Primero sacando a las fuerzas armadas a la calle, decretando toque de queda durante una semana y reprimiendo duramente a la población mediante un uso excesivo de la fuerza. Es decir, Sebastián Piñera mostró un nefasto manejo de la crisis tanto en lo político como en lo social, acrecentando de manera enorme el descontento hacia su labor, asunto que tampoco mejoró tras el (tardío) cambio de gabinete que removió del cargo a su mano derecha Andrés Chadwick, sindicado por muchos como el principal responsable de la violencia vista en las calles. 

Pues bien, a toda esta sumatoria de errores y falta de visión se suma lo ocurrido hoy jueves 7 de noviembre, en que Sebastián Piñera se ha dirigido al país anunciando una llamada Agenda de Seguridad, un paquete de medidas que buscan acrecentar las penas para quienes protestan además de convocar al Consejo de Seguridad Nacional, en un acto que evidentemente busca dar en el gusto a sectores más conservadores del mundo de derecha que estaban exigiendo más “mano dura” frente a los incidentes. 

¿Y del problema de fondo? Ni una palabra. Sebastián Piñera y su gobierno insisten en quebrar el diálogo, en no ceder ante las demandas ciudadanas y no abrirse a revisar reformas estructurales al modelo, dejando instalada la sensación de que esto solo empeorará. 

martes, 29 de octubre de 2019

La Batalla De Chile


Se sabía que el modelo chileno desde hace un buen tiempo a la fecha se caía a pedazos. Desde el momento en que comenzó a mostrar sus primeros resultados, por ahí por 2004-05, con las primeras pensiones de miseria, endeudados en Educación Superior o índices de desigualdad, que se comenzó a oler en el ambiente la necesidad de comenzar a realizar cambios estructurales en la economía del país. En lo personal tengo todo esto muy presente por haber participado en ese entonces en la campaña presidencial de Tomás Hirsch, candidato por la izquierda del extinto conglomerado Juntos Podemos. Eran tiempos muy distintos, con el Partido Comunista sin representación en el parlamento y donde nuestro llamado hacia la conciencia no era escuchado por la sociedad, menos por el mundo político. Sin ir más lejos, el electo gobierno de Michelle Bachelet (su primer mandato) no hizo sino proponer cambios cosméticos al modelo, profundizando primero el sistema de pensiones mediante aportes del Estado (el Aporte Previsional Solidario, un ejemplo) y luego, tras la llamada “revolución de los pinguinos” en 2006, cambiando en educación la LOCE por la LGE. Todos estos fueron cambios insuficientes por supuesto.

La llegada de Sebastián Piñera y la derecha al poder en 2010, luego de dos décadas de gobiernos Concertación, agudizó las contradicciones al punto de generar una “Nueva Mayoría” (que reunió fuerzas de centro izquierda que abarcaron desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista) dispuesta a realizar en 2014-18 modificaciones estructurales al modelo. Y así fue, o a menos se intentó. El segundo período de Michelle Bachelet por primera vez en casi cuarenta años se la jugó por un alza tributaria importante más una profunda reforma en educación, que abordó una gratuidad parcial en Educación Superior e importantes medidas apuntadas al fin del lucro y selección en Educación Secundaria. Frente al peligro de perder sus privilegios, la derecha (como siempre) utilizó su arsenal comunicacional y mediante una campaña del terror, sumado a errores de cohesión al interior de la coalición gobernante, logró derribar al gobierno y recuperar el poder. 

Toda esta historia previa la recuerdo únicamente para contextualizar el que esta lucha contra el modelo económico chileno, impuesto en dictadura y profundizado en democracia al menos entre 1990 - 2014, no es nueva. Hoy el problema es uno solo: vivimos en un país que ha externalizado en su totalidad sus servicios. Educación, salud, medicamentos, pensiones, transporte y carreteras, etc. Todo donde miremos en Chile se encuentra en manos de privados, y por tanto, son un negocio de unos pocos. Chile se encuentra al servicio de los monopolios. Si a eso agregamos una política de chorreo que ha perpetuado diferencias sociales por más de treinta años, no podemos sino estar frente a un escenario macabro, frente a una pobreza disfrazada que ha acabado por explotar en estos días entre actos de insurrección masiva, violencia y vandalismo.  

Por si fuese poco, estamos frente a un gobierno que no ha sabido comprender el problema, declarando pésimo, riéndose de la ciudadanía en diversos momentos, vandalizando la protesta y entregando supuestas soluciones que lejos de calmar a la población han exacerbado más los ánimos. 

Chile necesita con urgencia políticos a la altura de la circunstancia y comenzar a avanzar definitivamente hacia un Estado de Bienestar que pueda, en el largo plazo, dignificar la vida de su población. El experimento neoliberal chileno fracasó. Y mientras antes lo asuma la clase política, antes podremos avanzar. 

miércoles, 22 de mayo de 2019

Ha llegado carta...


¿Para quién? Para mi.
¿Qué dice? Que los chilenos no somos todos iguales ...

Una semana atrás aproximadamente recibí un correo del Ministerio de Educación con una carta firmada por la Ministra Marcela Cubillos en donde se hablaba de un proyecto (inicialmente rechazado por la oposición) titulado "admisión justa". En esta carta se nos explica a los lectores que este gobierno considera injusta la metodología de admisión escolar creada por el anterior gobierno de Michelle Bachelet, la cual (yendo al grano) indica principalmente lo siguiente:

- Se entrega prioridad para mantenerse en un colegio a los estudiantes actualmente matriculados ahí. Incluyendo estudiantes repitentes (es decir, el modelo no habla de expulsar a estudiantes que repitan año sino que insta al establecimiento a hacerse cargo de dichos casos).
- El sistema asegura al menos dos cupos por aula para estudiantes con necesidades educativas especiales permanentes. 
- Para quienes postulen a un colegio se establecen las siguientes prioridades: postulantes con hermanos ya matriculados en el establecimiento posee primera prioridad, postulantes en situación de vulnerabilidad una segunda y tercera prioridad tendrán postulantes que sean hijos de funcionarios de la escuela.
- Finalmente aquellos postulantes a colegios que no se encuentren entre dichas prioridades antes mencionadas son asignados con un número y aleatoriamente distribuidos entre colegios a los que hayan postulado. 

Este último punto parece incomodar al actual gobierno y a la ministra Cubillos, quien manifiesta en su carta el que deberían los antecedentes académicos ser variable a considerar a la hora de postular a una escuela. Es decir, el que los colegios puedan realizar una prueba de Lenguaje y Matemática a sus estudiantes y seleccionar (esa palabrita que tanto le encanta a la derecha) que niños pueden entrar al colegio y quienes no, que estudiantes ayudarán a subir el primedio SIMCE (o PSU) y cuales no. Que estudiantes sirven... y cuales no. 

Esta situación se condice con la reciente noticia de la intención del gobierno de avisar/advertir a padres y madres respecto a que colegios poseen buenos índices académicos y cuales no. Es decir, una insistencia en la política de concentrar a los "buenos con los buenos y los malos con los malos". Una insistencia en la política segregadora que tanto daño le causó a este país durante treinta años pero que este gobierno insiste en querer perpetuar.

sábado, 2 de diciembre de 2017

Presidenciales 2017: Los derrotados.


En una anterior reseña me mostré desalentado frente al actual panorama político nacional. Sin embargo, las recientes elecciones me llenaron de vida e ilusión. Principalmente por el factor sorpresa que se manifestó en las urnas y que se concretó en los siguientes hitos:

- La irrupción del Frente Amplio como alternativa política relevante, con Beatriz Sánchez emergiendo como rostro con reales opciones para liderar el proyecto, lo cual de paso instala una crítica importante respecto a las encuestas de opinión. ¿Se verifica con esto el que están todas controladas políticamente desde arriba? Menciono esto dado que ninguna, pero ninguna, le entregaba opciones reales a la opción de Beatriz Sánchez previo a la elección, y es más, la mayoría hablaba de un escenario de "carrera corrida" por parte de Sebastián Piñera, lo cual indica que: las encuestas están controladas o derechamente manejadas por incompetentes del área. Como sea, esta primera vuelta presentó a las encuestas como primer derrotado me parece. 

- La baja adhesión obtenida por Sebastián Piñera. Por más que lo nieguen, ni el más pesimista de ellos se imaginaba estar bajo el 40% de las preferencias. De hecho, el gran ganador dentro de la derecha chilena no fue Piñera, sino que José Antonio Kast, que con su 7,9% se instala como una opción relevante dentro del sector. Como sea, la opción de que Sebastián Piñera sea Presidente de Chile ya no depende de ellos, sino unicamente de que la centro izquierda no logre ponerse de acuerdo...

-  La crisis y ocaso de la política tradicional, con la Democracia Cristiana como ejemplo evidente de dicho agotamiento. Estos últimos se la jugaron por una alternativa en solitario, concretada en la candidatura de Carolina Goic y una lista parlamentaria propia, obteniendo resultados pobres y evidenciando el que hoy no son una fuerza política relevante. 

Tres derrotados por tanto: las encuestas, Sebastián Piñera y la vieja política. Señales por cierto que vienen a llenarnos de esperanzas frente a lo que podría venir a futuro...

sábado, 2 de septiembre de 2017

Política e Ideas ... en Crisis.


Es cierto, este año he estado particularmente atareado por lo que he podido atender muy poco este, mi blog de política e ideas varias. Sin embargo, seamos sinceros: ¡que poco motivante ha sido esta elección presidencial!

Partiendo por los candidatos: asoma el regreso de Sebastián Piñera, dos periodistas como Alejandro Guillier y Beatriz Sánchez representando a la centro izquierda, y bueno, el relleno de siempre, ahí aparecen aquellos candidatos que seguramente muy pocos chilenos están enterados siquiera de que serán candidatos, hablo del anti comunista Eduardo Artés, un conservador como José Antonio Kast, los obstinados Marco Enriquez-Ominami y Carolina Goic, además del pastel de esta torta... Alejandro Navarro, que en lo personal no entiendo que mono pinta en todo esto.

Frente a la absoluta división de la izquierda, que asoma con cinco candidatos (y eso que Ricardo Lagos y José Miguel Insulza aparecen como los grandes ausentes a esta cita), el triunfo de Sebastián Piñera quedará evidentemente supeditado a la cantidad de electores que se animen a votar en primera vuelta...

Triste escenario. A dos meses de las presidenciales, si... faltan solo dos meses, campaña prácticamente no hemos visto. Tenemos a un ex presidente que si en 2014 alguien me decía que iría por la revancha la verdad es que yo no me lo habría creído, pero acá estamos, a un Guillier, que se ve muy solo, con más ganas que fútbol - como alguien diría en jerga pelotera, y a una Beatriz Sánchez que apuesta a ser la sorpresa de esta elección. 

Probablemente se veía venir. Cuando en 2005 una desconocida Michelle Bachelet se volvió Presidente de la República en base únicamente a su carisma tuvimos la primera señal de agotamiento por parte de una política donde comenzaban a escasear las ideas. Fue como cuando la televisión abandonó por completo la defensa de los contenidos y se rindió frente al fenómeno de programas como "Viva el lunes!", "Mekano" o "Morandé con Compañía". La imagen es todo, afirmaba un slogan publicitario por aquellos años, frase que se volvió carne durante esta última década. 

Hoy los partidos se han rendido. Cuando Bachelet intentó corregir el rumbo, instalándose en su último período como una líder con propuestas de fondo, acabó cayendo en su propia trampa, destruyendo su único bastión (la imagen) entre errores no forzados (caso CAVAL) y quedándose sola. Cuando su sector tuvo que apoyar a alguien optó por quien algo marcaba en las encuestas : Alejandro Guillier, la única esperanza de continuar en el poder. En la derecha el asunto no anda muy distinto, Piñera es "lo que hay", y pese al enorme rechazo que produce en parte importante de la ciudadanía, tienen que seguir ahí repitiendo el cansino discurso del "millón de empleos" creados entre 2010 y 2014...

Y así estamos, a dos meses de que se produzcan las elecciones menos motivantes de la política chilena en...  ¿60 años? Y creo que me quedo corto.

jueves, 4 de agosto de 2016

José Piñera: la desfachatez hecha ser humano.


Resulta imposible mantenerse al margen de lo ayer presenciado: José Piñera en Mega y TVN hablando acerca de su gran invento con una desfachatez pasmosa, desconociendo cifras, pidiendo un reconocimiento frente a su obra, exigiendo respeto por el gobierno dictatorial de Augusto Pinochet Ugarte, tratando al periodista que tenía en frente de ignorante, a la prensa de ser un motor de desinformación, eso y mucho más en el que probablemente sea recordado como uno de los momentos más polémicos de los últimos tiempos en televisión abierta. 

José Piñera se baja de su avión y nos muestra su universo paralelo, uno en donde el sistema de pensiones funciona de manera asombrosa, como un Mercedes Benz se ha atrevido a decir, y los chilenos somos entre ignorantes y mal agradecidos por no reconocer aquello. Las pensiones míseras entonces son una mentira y si existen son únicamente a causa de un mercado laboral inestable, culpa por supuesto del actual gobierno de Michelle Bachelet, el cual ha impulsado una alza de impuestos injustificada y que le ha causado un daño tremendo al país. De igual forma, las inmensas ganancias de las AFP también son una mentira (o si existen están justificadas) y las marchas de la gente por las calles son manejadas por una prensa poco confiable. 

José Piñera saca un papel y se burla de millones de chilenos. Asegura con el que una persona que cotice por 30 años seguidos en promedio recibe 650 mil pesos, y riendo le pregunta al periodista : ¡¿Te parece poco?! Continúa su show con alabanzas hacia el sistema de libre mercado, el cual afirma ha llevado a Chile a reducir sus índices de pobreza y ostentar un ingreso per capita de 23 mil dolares (unos 15 millones de pesos), y así..., una verdadera locura. 

Se puede entender y respetar incluso el que una persona siga confiando en el libre mercado como la mejor vía para el desarrollo de las personas. Lo podremos compartir o no, pero es totalmente válido. Pero lo que no se puede aceptar es la insolencia, el tener que oír un cuento de hadas, halagos frente a la miseria de millones, porque alguien debería explicarle a José Piñera que si, lo que su sistema de pensionas ha generado tras más de treinta años de existencia es miseria e injusticia. Mi única conclusión frente a tamaño descaro es que esto tiene que terminar. No se cuando, pero tiene que terminar, espero estar vivo y poder presenciar el fin de esta pesadilla.